Leyendo, leyendo, he visto que se asume entre los que saben de pedagogía tres pilares fundamentales en el proceso enseñanza-aprendizaje: lo cognitivo, lo afectivo y lo conductual. O dicho de otro modo: lo que se piensa, lo que se siente y lo que se hace.

Por este motivo me entusiasma la utilización de herramientas audiovisuales en el espacio de aprendizaje. De algún modo, más o menos profundo, se combinan estas tres dimensiones de manera natural. Si se reflexiona en torno a uno mismo o en torno a los demás, se piensa. Si uno se enfrenta a esos pensamientos comentando sensaciones con otros y tratando de intuir cómo interpretarlas, se siente. Si se sale con una cámara fotográfica a “tratar de retratar” en algo concreto esa mezcla de análisis a priori y sensaciones, se hace.

Así que, uno puede modificar creencias anteriores y desarrollar nuevas formas de (des) enfocar la realidad de forma significativa a través de temas transversales.Se trata de aprendizajes transformadores.

Por ejemplo: trabajar la confianza en un contexto de aprendizaje en adolescentes. ¿Rostros, edificios, reproductores de mp3, besos o vacíos? En una cultura envuelta por la iconosfera, en la que a los 3 meses de vida te regalan juguetes inundados de imágenes electrónicas en constante movimiento y en la que a los 15 dependes de la imagen que proyectes de tus actividades en los muros líquidos, efímeros y, a veces, exhibicionistas de las redes, es interesante integrar en el aula el lenguaje tradicional, analógico de la calle.

Los análisis académicos verbalizados (clases magistrales) aburren a la mayoría de estudiantes cuando son el único medio y, más aún, si parten siempre del mismo emisor, un docente omnisciente que predica la verdad inmutable. Hay otras vías, que facilitan la reflexión conjunta sobre saberes, contenidos, hechos históricos, emociones, destrezas e informaciones a través de la imagen pensada, sentida y hecha. Creo que se gana en interés, implicación y aprendizaje significativo y transformador.

En esta línea crítica, disruptiva y que buscaba de forma natural innovaciones experimentales me embarqué en un proyecto educativo hace algunos años ya, en el 2011. En ese momento tuve la suerte de contar con varias complicidades que le ayudaron a llevar el proyecto a buen puerto, como la de Paloma López-Reillo, profesora de la Universidad de La Laguna, y del equipo docente del CEIP del Barrio de La Salud. Como les decía, pude desarrollar y guiar  un Taller de Creación de Vídeocartas en el CEIP del Barrio de la Salud en Santa Cruz de Tenerife, en horario de tarde, como actividad extra-escolar formativa. En el grupo había estudiantes de entre 11 y 12 años, varios de ellos hijos de inmigrantes latinoamericanos. A partir de un conjunto de acciones formativas graduales, fuimos profundizando en el análisis y la comprensión de los elementos básicos del pensamiento y el lenguaje visual. Finalmente se elaboró un proyecto de guión colectivo.

La idea era proponer una metodología activa de aprendizaje mediante los medios audiovisuales como recurso didáctico para el aprendizaje de otras cuestiones. En este caso se trataba de reflexionar sobre sí mismos, el barrio, la convivencia, la familia y la interacción con los demás. El objetivo: crear una vídeocarta grupal en la que contáramos a otro grupo de estudiantes de Brasil cómo era nuestra vida en el Barrio de la salud, en respuesta a una vídeocarta que este grupo brasileño ya había hecho y que visionamos conjuntamente en el aula. Esta vídeocarta brasileña había sido promovida bajo un proyecto educativo internacional muy interesante, aún hoy vigente denominado Global Videoletters.

En su momento, escribí esta justificación teórica / objetivos motivadores del proyecto:

“En un mundo dominado por un desfile de imágenes clonadas que apelan a los
mismos códigos visuales compartidos, es necesario crear una mirada
independiente en el niño para que se asome a la realidad de una manera
personal, crítica y subjetiva.

Comprender los factores que afectan a la impresión que da una imagen para que
no sólo la interprete a posteriori sino que sea capaz de ir en su búsqueda.
Poder desarrollar un relato visual que tenga coherencia propia y permita la
comunicación del niño con sus iguales, a partir del desarrollo de sus propios
códigos visuales, y volcando en esa expresión su parte emocional (codificada en
forma de objetos, personas, formas, encuadres, luz, color, etc).

Conseguir elaborar videocorrespondencias para comunicar sentimientos y
sensaciones del uno mismo y del entorno mediante un texto visual autónomo ,
que no requiere de un gran equipo técnico ni tiene mayores aspiraciones sino la
de ser un puente de comunicación emocional entre dos personas.

Normalmente, en el ámbito de la escuela, el niño está sometido a ciertas normas
formales como temáticas determinadas (hacer un portal en la época de navidad,
hacer una descripción física de alguien, hacer dictados). Rara vez se les propone
un espacio de libertad creativa en el que reflexionar sobre ellos mismos y la
realidad que les rodea. La vista, un sentido fuertemente ligado a la inspiración,
muchas veces nos lleva a mirar realidades que nos atraen o nos repelen, pero no
siempre reparamos suficientemente en ellos para analizar esa realidad, sentirla y
re-interpretarla. Por ello, motivándoles a que escriban cartas con imágenes, en
principio deben reflexionar sobre aquello que les llama la atención o no y, luego,
saber cómo organizar esas emociones para trasmitir un resultado, una emoción
personal acerca de eso que han decidido extraer del todo.

Precisamente, en este espacio de libertad creativa, experimentarán no sólo con
aquellas imágenes que han decidido grabar para contarle al resto de la clase algo,
sino que serán capaces de reinterpretar las imágenes mediáticas de otro modo,
habiendo reflexionado sobre lo que ven desde un prisma particular y empezarán
a tener la capacidad de ir en busca de realidades a contar a priori, es decir,
aprender a crear.

Esto les posibilitaría entrar en contacto con una parte emocional que
difícilmente tocan en el desarrollo del currículum habitual, siempre tan cercano
a la información de datos, fechas y procesos racionales. Entrar en contacto con la
intuición y reciclarse con las impresiones de los demás (videocorrespondencias
con niños de otros lugares y de otros contextos socioculturales), aprender a
escribir y a leer con las imágenes.

Esto también contribuye al desarrollo de las capacidades empáticas del niño, que
al pasar por el proceso de sentir y abrirse a los estímulos que recibe desde el
exterior y desde sí mismo, es capaz de recibir con mayor facilidad los estímulos
emocionales de sus compañeros, al pasar a un nivel de relación más allá de la
apariencia externa y adentrarse en los laberintos del alma humana, de los
sentimientos y las emociones compartidas desde una perspectiva particular.

El desarrollo de la inteligencia emocional a partir de la creación audiovisual
resulta apasionante en este contexto de las videocorrespondencias en el que el
autor encuentra una vía de escape para compartir su vida emocional a través de
un “puente” que traspasa barreras idiomáticas y culturales, que es común a todos
los hombres. Además, prepara a los niños para recibir mensajes no racionales,
figurados, metafóricos que no vienen en el lenguaje literal de lo escrito o lo
hablado, ampliando la capacidad de abstraer emociones mediante símbolos,
encadenados de imágenes, textos visuales, en definitiva.

Sentimiento de pertenencia a grupo. Al trabajar junto a otros compañeros, que
colaboran en el proceso de realización o montaje, se generan una serie de
códigos compartidos que permiten la creación perspectivas personales sobre las
cosas, posicionamientos éticos frente a la realidad, inquietudes de comprensión
más allá de los requerimientos académicos tradicionales.

La proyección conjunta de estas obras de videocorrespondencias permite que
todos vean varios fragmentos de una realidad general, para comprender que las
sumas de las partes es la que hace el todo, no que el todo es una entidad única.
Diversidad, interculturalidad, tolerancia y respeto.

Es posible la elaboración de videocartas en conjunto, en el que varios autores
compartan la elaboración del mensaje. Esto permitiría la complicidad de un
grupo para observar de manera conjunta”.

Releyendo este escrito 6 años después me resulta emocionante la ilusión con la que abordé este proceso y me asombra todo lo que me permitió aprender como persona y como profesional audiovisual y educativo. Y me siento muy satisfecho de la respuesta tanto del grupo de estudiantes como de la comunidad educativa, que me agradeció profundamente la iniciativa y el proceso de aprendizaje compartido.

El trabajo teórico del análisis quedó reflejado en mi trabajo de fin de Máster en Educación Interdisciplinr de las Artes que defendí en la Universidad de Barcelona y que se puede consultar íntegramente aquí.

Y el resultado visual del trabajo del grupo, sin duda, la parte más satisfactoria de la experiencia, tiene forma de película documental o vídeocarta grupal y contiene las reflexiones que cada participante del taller hizo de su entorno, sus vivencias y su comprensión del entorno, de forma integrada y grupal. Este trabajo audiovisual colectivo está aquí.